El paro que no baja: por qué el empleo avisa siempre tarde

Ocho millones y medio de personas sin trabajo. El número es tan grande que no cabe en la cabeza, y por eso no significa nada.

Prueba con una sola.

Un chico de veintitrés años en Soweto, con el bachillerato terminado y el currículum impreso en el locutorio de la esquina. Lleva más de un año buscando. En Sudáfrica casi uno de cada dos jóvenes está exactamente igual: el paro juvenil va por el 47,4 %. Para él eso no es una estadística. Es que la mitad de sus amigos tampoco trabaja.

Y este trimestre le ha pasado algo más, aunque no lo haya leído en ningún sitio. El banco central de su país ha subido el precio del dinero.

Lo que dicen los números, y lo que esconden

El paro subió al 33,6 % desde el 32,7 %. Son 345.000 personas más en tres meses.

Pero el dato que a mí me interesa está justo al lado y casi nunca sale en el titular: los ocupados bajaron en 16.000, hasta 16,7 millones. Eso cambia la historia entera. No es que haya entrado gente nueva a buscar trabajo y por eso suba el porcentaje. Es que hay menos trabajo del que había.

La economía, mientras tanto, se encogió un 0,2 %.

Y el 28 de mayo el banco central subió el tipo hasta el 7,00 %, la primera subida desde mayo de 2023.

Ahí está el drama, y no hace falta adornarlo. A ese chico de Soweto le acaban de encarecer todo lo que se paga a plazos, en el mismo trimestre en que su país destruyó empleo. No es maldad de nadie: el banco central tiene un solo martillo y lo usa contra los precios. Pero el clavo lo recibe él.

El paro es el recibo, no el aviso

Aquí es donde casi todo el mundo se equivoca de número, y vale la pena pararse.

La tasa de paro es el dato más completo que existe sobre el empleo de un país. Y es, exactamente por eso, el último en moverse.

Piénsalo: para que alguien aparezca en esa cifra, ya tiene que haber perdido el trabajo, o ya tiene que haberse cansado de buscarlo. Cuando el porcentaje sube, lo que lo provocó lleva meses ocurriendo. Es el recibo que llega a fin de mes, no el aviso de que estabas gastando.

Lo que sí avisa es más estrecho. En cualquier economía, los empleos que se mueven primero son los de la construcción y la industria. Son una rebanada pequeña del total y se llevan casi todas las pérdidas cuando algo se tuerce. Se mueven antes, y se mueven más.

El resto, los servicios, la administración, la sanidad, apenas se inmuta. Y eso, que suena tranquilizador, es justo lo que lo vuelve inútil: lo que no se mueve no te dice dónde estás.

Así que la pregunta buena no es cuánta gente está sin trabajo. Es dónde se está perdiendo el empleo, y desde cuándo.

Por qué no le pregunto a un país cómo está

Le pregunto por dónde va. Y eso no se contesta con un número, se contesta con muchos.

Cada uno medido contra la historia de ese mismo país, que es la parte que casi todo el mundo se salta. Un 33 % de paro en Sudáfrica es terrible y es, a la vez, lo normal allí desde hace años. Ese mismo 33 % en Dinamarca sería el fin del mundo. Comparar países con la misma vara no mide nada: mide lo distintos que son.

De ahí sale una nota por moneda. Y cuando enfrento dos monedas, aparece lo que de verdad me interesa, que no es cómo va el mundo sino algo mucho más concreto: cuál de las dos está cara y cuál está barata.

Es la misma pregunta que se le hace a una empresa antes de comprarla. Solo que aquí el activo es una divisa, y hay doscientos treinta y un pares donde mirar.

Y ahora la parte incómoda

Todo esto está medido en el histórico desde 1990, en las veintitrés monedas que sigo. Y esa fecha no es un capricho: el mercado nace en 1971, cuando Nixon desacopla el dólar del oro, pero es con los ordenadores cuando coge el volumen y la liquidez que tiene hoy. Antes hay precios, pero es otro mercado.

Aun así, lo más probable es que a ti no te funcione.

No porque el análisis esté mal. No te va a funcionar por lo mismo que no vas a levantar doscientos kilos mañana por la mañana si no has pisado un gimnasio en tu vida. La barra está ahí, el peso está ahí, y la técnica está explicada gratis en mil sitios. Y no lo vas a levantar.

Sostener una posición durante meses mientras no hace nada es un músculo. Perder cinco veces de diez sin cambiar de estrategia a la tercera es un músculo. Y no se entrenan leyendo.

Eso no es un defecto de mi método, es el problema de todos los métodos, y es la razón de verdad por la que hay gente perdiendo dinero con estrategias que funcionan. El mercado no te cobra por no saber. Te cobra por no aguantar.

La buena noticia es la del gimnasio: es un músculo, y se entrena. Pero levantando peso, no mirando cómo lo levanta otro.

Caso de estudio: EURZAR

El rand sudafricano está en la parte baja de mi lista, y lleva ahí tiempo. El euro está arriba. Cuando enfrento los dos, el par sale con el euro fuerte contra el rand débil, y del lado comprador.

La señal nació en marzo. No es una reacción al dato de paro de este trimestre, y esa es precisamente la gracia: la señal no es una noticia. Es el principio de algo que ya estaba en marcha cuando la prensa todavía no lo contaba.

En la cabecera del gráfico ese número aparece con un menos delante, y no es un error ni una mala noticia. Funciona como la etiqueta de un escaparate: el menos quiere decir que hay algo con descuento.

Ese es el trabajo, y es el que casi nadie hace: saber, de los doscientos treinta y un pares que existen, cuáles están de oferta esta semana. Y en este mercado la oferta va en los dos sentidos, porque se puede operar arriba y abajo.

Gráfico mensual del euro contra el rand sudafricano, con los niveles marcados por JH Grandgerard
EURZAR en mensual. Sudáfrica pierde empleo y encarece el crédito a la vez, y el rand lleva meses pagando esa cuenta.

¿Qué hacer con esta información?

Nada todavía. Y esa es la respuesta que menos gusta.

Aclaremos a qué jugamos: esto no es invertir a largo plazo y olvidarse, y no es intradía. Es especular. Posiciones de semanas o meses, decididas en el diario y el semanal.

Lo que hay aquí es viento a favor, no una entrada. Que el SAB y la expansión guía estén alineados con ese lado. Esperar a que la expansión comprima. Y esperar el gatillo en la vela del diario o en la del semanal.

Si el gráfico no confirma, no hay operación, por mucho que el fundamental esté gritando. Y si confirma: tamaño de siempre, stop de siempre.

La belleza del asunto

El chico de Soweto no va a leer este artículo, y tampoco le serviría de nada. Su país tardará años en salir de donde está, porque estas cosas no se arreglan con un titular ni con una reunión.

Pero eso es justo lo que permite medirlo. Un problema que tarda años en formarse tarda años en deshacerse, y durante todo ese tiempo va dejando huellas en los datos mucho antes de dejarlas en los periódicos.

El mercado no le hace caso al que grita más. Le hace caso al que lleva la piedra dentro del zapato. Y esa piedra, cuando es del propio país, tarda años en salir.

Si al mirar este par te has encontrado con que tu bróker no lo tiene, no lo descartes todavía: en el artículo sobre correlación explico cómo buscar el par que sí puedes operar sin perder la idea. Y si alguna vez te topas con un país cuyos números pintan muy bien y su moneda no se mueve nunca, la explicación está en el caso de las monedas ancladas.


AVISO

Este artículo es formación general sobre una metodología de análisis. No es asesoramiento personalizado ni una recomendación para que compres o vendas nada. TendenciasFX no conoce tu situación ni tus objetivos. Operar divisas y contratos por diferencias con apalancamiento puede hacerte perder más de lo que inviertes. Los resultados de un estudio histórico no garantizan resultados futuros. El autor y la academia pueden tener posiciones abiertas en los pares citados. Lee las Advertencias de Riesgos y los Términos de Uso.

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